La belleza de un diamante depende del reflejo de la luz. La forma más común es la talla brillante, que tiene 58 facetas. El diamante se talla en una primera fase cortándolo a favor de las vetas o bien serrando en contra de éstas. Sólo el diamante corta el diamante, de manera que la sierra se recubre con una pasta de aceite y polvo de diamantes. Una a una se van puliendo las facetas hasta descubrir todo el fuego que encierra en su interior.